Los trabajadores de hoy deben aprender a sobrellevar las presiones laborales. Para eso, es necesario presurizar nuestra propia cabina antes de emprender el vuelo hacia el trabajo. Así lo entiende el conferencista y escritor Bernardo Stamateas. En su opinión, es necesario introducir presión en la autoestima. "Hay que hablar bien de uno mismo, porque la batalla diaria se gana en la mente. Si alguien sale de su casa derrotado, no tendrá la fortaleza necesaria para afrontar la jornada", plantea en una charla con LA GACETA.
Stamateas considera que de cada crisis surgen oportunidades. "Para descubrirlo, se requiere un optimismo inteligente, no estúpido: esto quiere decir que hay que ser consciente de los problemas y de las luchas cotidianas, pero también de las posibilidades para construir mediante las propias decisiones", indicó. Para eso, es fundamental recuperar el control remoto del mundo emocional.
¿Cómo encarar los problemas y las presiones cotidianas? El experto señala que hay que tratar de conocer dos o tres personas nuevas por día. "El capital más valioso de un trabajador es su agenda de contactos. Hay personas que tienen un millón de amigos, pero no tienen contactos. Entonces se necesita el networking, es decir una red de vínculos laborales", dice.
Para liberar las tensiones acumuladas durante el día de trabajo, se recomienda hacer tres actividades diarias, y cortas: ver a un amigo, hacer una actividad física, leer algo que relaje. "No hay que esperar al viernes para despejarse. El estrés es acumulativo. Si un trabajador se sobrecarga, por más que después se vaya 15 días a Suiza, su cabeza explotará. A medida que se gasta energía, hay que reponerla con pequeñas actividades", puntualiza Stamateas, que disertó en Emprender Tucumán, organizado por los jovenes empresarios de la FET (Jefet).
El liderazgo
Muchas de las presiones cotidianas están vinculadas con los roles de los jefes a cargo del personal. Particularmente, es en ese escenario donde trascienden los verdaderos líderes de la empresa, que tornan más sencillo el cumplimiento de los objetivos laborales.
"Todos somos líderes, porque liderazgo es influencia. Todos influenciamos en distintos ámbitos de la vida", apunta Stamateas.
A su criterio, en una empresa, quien conduce debe manejar dos áreas: una técnica, vinculada con los conocimientos propios de la disciplina, y otra relacionada con las habilidades sociales, es decir con las capacidades para comunicarse con los integrantes del equipo de trabajo y para establecer la sinergia necesaria, con el fin de alcanzar los objetivos laborales. "Este es el punto en que fracasan muchos líderes de grupos, que dominan el área técnica, pero que carecen de habilidades sociales", observa el conferencista.
En el campo de las habilidades sociales, el escenario más crítico se presenta a la hora de resolver conflictos, ya que son parte de la construcción de cualquier emprendimiento. "Manejar situación conflictivas -acota- implica, entre otras cosas, la capacidad para liberar tensiones". Para lograr esto existen varias alternativas:
• Evitarlos o en dejarlos pasar, especialmente si son situaciones triviales.
• Ser confrontativo y tomar decisiones drásticas en relación al conflicto que se presente.
• Encontrar un punto de equilibrio entre las partes que intervienen en la situación conflictiva. Esto implica, de ser necesario, otorgar concesiones, a veces en partes iguales, y otras en proporciones diferentes, según las condiciones y las demandas de quienes participen del conflicto.
• En suma, lo importante de un líder es que sea flexible a la hora de resolver escenarios de crisis.
Situaciones
Otro aspecto que define al conductor de un grupo es su capacidad de pensar en las acciones formales y en las informales antes de actuar. "En situaciones que exigen preparación previa, como una reunión de directorio, un líder debe tener planificada su intervención y las acciones que llevará a cabo", expresa Stamateas. De igual, modo en situaciones informales, como una conversación casual con un empleado, también debe actuar en forma premeditada.
El último factor que caracteriza a un líder es la motivación. Para ello, debe tratar bien a los miembros del equipo de trabajo. Esto se consigue con normas de formalidad que deben regir las relaciones laborales. El líder debe estar mentalmente a 10 kilómetros por delante, pero a tres pasos del grupo que dirige. Los desafíos laborales no deben ser extremadamente difíciles para no asustar a los integrantes, y tampoco tan fáciles como para que se relajen. Hay que estimular la creatividad y no castrarla, sugiere.